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Relato breve en la semana de carnaval (El diario de María)

luamaxicaluamaxica Anónimo s.XI
editado abril 2012 en Infantil y Juvenil
Este fin de semana se celebró el carnaval, que son unas fiestas donde te disfrazas de lo que quieres o de aquellas cosas que te gustaría ser y no puedes. Suelen empezar en fin de semana y en mi ciudad se alargaron hasta ayer martes. Durante esos días no tuve colegio. Fueron como unas mini vacaciones que los mayores llamaron “puente”. Algo que no tiene mucho sentido para mí, porque no significa que tengamos que cruzar ningún puente, ni siquiera que lo visitemos. Pero una vez más, estamos ante esa rara costumbre que tienen los adultos de cambiar el nombre a las cosas.

Este año mamá decidió hacerme un disfraz de hada, aunque a mí me apetecía algo diferente. Ya no me siento una niña pequeña para disfrazarme de princesa o de hada y quería algo más de mayor, pero no se me ocurría nada. Así que me senté en el salón con papá que estaba viendo las noticias. Pensé que a lo mejor podía ver algo que me diese una idea de lo que quería, y justo fue eso lo que pasó. En la televisión estaban hablando de una manifestación que había en las principales ciudades, donde la gente protestaba por unos recortes. Entre aquellas personas había unas chicas que iban vestidas con unos pantalones anchos de flores y unas blusas de colores. En el pelo llevaban unas cintas adornadas con margaritas y unas pancartas donde pedían paz y unidad entre todos.

-¿De qué van disfrazadas esas chicas papá? -pregunté curiosa.

-No son exactamente disfraces, cariño. Representan un movimiento que había en los años sesenta y setenta que se llamaba “hippies” y su lema era paz y amor. Se manifestaban protestando en contra de la guerra y las injusticias de la sociedad -me explicó.

-¿Yo también puedo vestirme como ellas y protestar contra la malvada Señora Crisis? -pregunté.

-Pues claro que puedes -contestó papá entre sonoras carcajadas.

Ese movimiento me parecía genial y a partir de ahora, yo también sería una hippie. Me vestiría como ellas y protestaría con todas mis fuerzas por las injusticias cometidas por la Señora Crisis. Rápidamente me levanté del sofá y le dije a mamá que ya sabía de qué me disfrazaría.

-Seré una hippie anticrisis -le dije muy convencida.

Ella al escucharme sonrió y me pidió que la acompañase al desván. Yo me quedé sorprendida e intrigada ante su petición. A pesar de que no entendía nada, la seguí sin protestar. Subimos las escaleras hasta llegar a la parte más alta del edificio, donde cada uno disponía de una habitación en la cual se guardaban todo tipo de trastos que ya no se utilizan. Cuando mamá abrió la puerta pude ver algunos de los juguetes que había usado de pequeña, incluso había guardado la cuna y el cochecito de cuando mi hermano y yo éramos bebés. En un lateral del trastero había un baúl que era donde mamá guardaba ropa de hace años.

-Mira María creo que esto te va a encantar -dijo sacando un vestido de flores amarillo y azul.

-¡Hala que chulo! Es perfecto para mi disfraz ¿De quién es? -pregunté curiosa.

-Es de mi época rebelde, me gustaba mucho el estilo hippie. También tengo una cinta para el pelo y un chaleco marrón con flecos para completar el conjunto. Si te gusta te lo dejo para que te disfraces -dijo mamá.

-¿Tú también fuiste una hippie protestante?

-Algo así, pero no era protestante cielo. Simplemente había cosas que no me gustaban y esta era una forma de quejarse -dijo entre risas.

-Sólo te falta una peluca larga, unas gafas de colores y estarás perfecta -dijo una voz detrás de nosotras.

Nos giramos hacia la puerta y allí estaba nuestro vecino Hugo con su perrito Iker, que también había subido al desván en busca de algo para disfrazarse. Nos contó que le habíamos dado una idea estupenda. Además él tenía pelucas de otros años y gafas para completar mi disfraz. Así que decidimos hacerlo juntos y mamá buscó algo que le fuese bien a Hugo.

Una vez tuvimos todo lo necesario, bajamos a nuestra casa para prepararnos. Pedro también se animó y los tres nos vestimos de hippies, bueno, mejor dicho los cuatro, ya que llevamos a Iker de mascota. A él le pusimos un chaleco rojo que llevaba escrito las palabras “No a la crisis, trabajo para todos” y que no paró de ladrar y morder durante un buen rato. Así salimos por las calles de la ciudad y mucha gente nos felicitó por nuestras vestimentas. Además yo les dije a todos que éramos “hippies anticrisis”, lo cual Iker confirmaba ladrando enérgicamente.

(más cuentos en: http://cuentoseneldiariodemaria.blogspot.com/)

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