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AkhenatÓn, exodo o exilio

Alejandra Correas VázquezAlejandra Correas Vázquez Gonzalo de Berceo s.XIII
editado enero 2014 en Histórica
AKHENATÓN, EXODO O EXILIO


(Egipto – XVIII dinastía)


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por Alejandra Correas Vázquez


Akhenatón, el hijo del Círculo, el joven visionario que irrumpió en la Historia como una antorcha, se fue por el Horizonte como un cometa. Como un pensador que abría al mundo los misterios y que se constituyó él mismo, en una figura mistérica. Alguien cuyo nacimiento conocemos en todos los detalles, y cuyo final nos es absolutamente desconocido.

La totalidad de los personajes que podemos contemplar en la revolución amárnica de Atón, los compañeros, consejeros e inspiradores de Akhenatón, junto con la población completa de la ciudad del Horizonte del Círculo (Akhet-Atón), se apartan de la vista de los hombres, del recuerdo de la Historia... de improviso.

Los intérpretes de la gran revolución atonista, los grandes mensajeros del panhumanismo internacional, se evaporan en masa llevados por un “carro de fuego” como en las mitologías. O volatilizados por un elemento mágico. Tantos nombres y personajes que colocaron su impronta, sus líneas, su presencia viva, y de quienes hacia adelante no queda huella alguna.

Como obra de una fantástica proeza donde el Logos Solar que conducía, los hubiese llamado junto a él en su seno prodigioso, ellos desaparecen. Estos jóvenes inspirados que buscaban aclarar el sentido lógico de la existencia (en la más pura concepción de Lucrecio) dejaron a la posteridad el insondable misterio de su partida.

Nada hay más intrigante que el fin de todos ellos. Toda la industria fabril de la ciudad de Akhet-Atón se paraliza en un momento dado, sin dar señales de violencia. Los hornos de las fábricas de vidrio fueron abandonadas en pleno funcionamiento, dejando a las parrillas (que encontrarían los arqueólogos del futuro) repletas de piezas a medio fundir. Demostrando con ello que estaban encendidas en el momento clave de la marcha.

Tuthmosa con sus discípulos, el genial artista creador de la cabeza de Nefertiti que todos admiramos, dejó su taller completo sin llevarse nada consigo. Obras concluidas. Otras a medio concluir. Algunas apenas comenzadas. Diseños. Moldes sin vaciar. La variedad completa de un atelier en plena productividad, apareció ante los ojos del excavador alemán que las trasladaría a Berlín (a comienzos del siglo XX) tal como estaban en el último día... ¡En el último instante que aquel recinto de honda creatividad cobijara a su intérpretes!

Aquello más que un Exodo fue una fuga masiva. Un exilio voluntario. Akhet-Atón era una ciudad de fábula, soberbia, multitudinaria, con parques, paseos, artistas, profesionales, baños públicos, piscina olímpica, edificios, barrios obreros, casas de empleados y artesanos, habitada por una multitud internacional de seguidores del Círculo... y evacuada en un instante. Sin aviso previo. Sin equipaje. Sin pillaje. Sin masacre. Sin souvenir alguno. Sus habitantes abandonaron allí mismo los servicios de la vida diaria. Cocinas completas. Comida servida que nadie consumió. Mobiliarios. Todos sus implementos domésticos y más imprescindibles. Los animales en su corral. Una Pompeya sin Vesubio. Pero al revés, son los seres humanos los que de aquí desaparecen.

Es el mágico castillo de la Bella Durmiente, congelado en el tiempo, en el que hallamos por completo ausentes a sus personajes que han partido sin despedirse de nosotros. Sin un adiós. Ni tan siquiera una lágrima. Dejándonos en el asombro más acuciante, con la perennidad de su pensamiento atonista inscripto en sus paredes.

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El Atonismo en sí mismo tuvo un carácter especial, y sería diferente en su grandeza y en su final. Pues Akhenatón, su ideólogo, no era un faraón convencional. Su mensaje de Atón era inédito.

Los “atonianos” fueron todos ellos muy complejos para vivir, tanto como esfumarse de la Historia, después de haberla transmutado por completo. En una presión sin pausa desaparecerán en orden y secuencia: Nefertiti, Akhenatón, Semenkara, Tuthmosa, Bok, Merari, Inenei, Yuti, Tutu, Ai y Ty... todos sus principales personajes. Es un hecho concluido, sólo resta el enigma dejado para los siglos.

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Akhenatón y Nefertiti nos han dejado. Una y mil veces repetiremos sus nombres y clamaremos por su presencia, sin poder saber nada más, después de haber sabido tanto.

Fueron nuestros amigos, los hemos acompañado y hemos recorrido a su lado un mundo fantástico pero real, de igualdad y verdad, impropio en esos siglos y en un Faraonato. Un proyecto que se irguió con gran fuerza en el pasado y con tanta autenticidad, como es la vida nuestra. Donde emergieron ideas muy concretas. Ensueños convertidos en hechos. Conceptos llevados a la práctica. Intelectualidad y emociones.

Fueron jóvenes atrayentes, poseedores de un fuerte magnetismo, a los que tuvimos en nuestros brazos. Lo obtuvimos todo de ellos, sus ideas sociales, su proyecto panhumanista, su concepto de oposición a la guerra, y ese arte especial creado por sus manos. Pero se nos escaparon entre los dedos en un día inesperado, cuando de improviso dejamos de verlos. Al anochecer no estaban ya más con nosotros, dejándonos sorprendidos. Y comenzamos a llamarlos por sus nombres, aquéllos que escuchábamos a diario y que ya nadie repetía. Nadie conocía su paradero. Nadie podía guiarnos junto a ellos.

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Comentarios

  • MirsaMirsa Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado junio 2012
    Me fascina Akhenaton. Desde que leí por primera vez "Sinuhé el Egipcio" con diez años, más o menos. Me enamoré de ese carisma del que hablas. Le he seguido la pista, y aunque las cosas, al parecer, fueron bastante diferentes a como aparecían en el libro (uno de mis favoritos, por cierto), yo sigo conservando en parte esa imagen. Mucho se ha descubierto desde entonces, y sin embargo qué poco se sabe aún sobre este personaje y su ciudad de sueños.
    Creo que quiso lograr algo hermoso y sus sueños de paz llevaron a la sociedad de la época a la guerra. En mi mente sigue siendo un luchador, alguien lleno de una magia especial.
    Me ha gustado mucho tu escrito, me has traído a la memoria esas imágenes con las que tanto soñaba de niña y que aún hoy conservo.
  • VisionarioVisionario Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2014
    Como le ha ocurrido a Mirsa,una de mis primeras lecturas fue "Sinuhe el Egipcio" de
    Mika Waltari.Frases como las empleadas por el protagonista "hasta setenta veces setenta" para describir lo numeroso de los ejercitos o esta otra "es digno de grabrase en el interior del ojo con una aguja" para plasmar lo inexplicable,me cautivaron.Es un lenguaje poetico desusado hoy.
    Horemberg,general de los ejercitos egipcios,es un personaje clave.Tanto es asi,que mas tarde seria Faraon.Mas alla del encanto que tenga la novela,que por cierto se ciñe bien a la Historia,estan los motivos por los que muere el dios Aton:los sacerdotes de las otras deidades luchan por no ser desbancados por el Unico.Otro motivo,seria el que los partidarios del " concepto faraonico" vieran que a la larga
    el poder del Faraon,fuese desplazado por el sacerdocio
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