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Describe la situación

DanteDante Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado marzo 2016 en Relatos Encadenados
Creo que no hay ningún juego similar por aquí, pero creo que este es el mejor sitio para ponerlo. La dinámica es bien sencilla: yo escribo una frase, un lugar, una situación o lo que sea, y el siguiente en comentar tiene que explayarse con una descripción. Por ejemplo:

Yo: Un parque.
Siguiente usuario: Ocupando toda la manzana, se encontraba el Parque del Abedul, con interminables hileras de los árboles que daban su nombre al parque, marcando los caminos que lo surcaban. A todos los transeuntes les gustaba pasear por el parque, e incluso era el lugar predilecto de algunos jóvenes que se saltaban las clases para tumbarse en el limpio cesped, con unas cervezas y unos cigarrillos de olor llamativo. Los caminantes más ancianos, por su parte, se sentaban en los verdes bancos de madera para descansar. En el centro del parque, los niños pequeños se balanceaban en los columpios, bajo la atenta mirada de sus padres.

Tampoco hace falta explayarse tanto en la descripción, o puedes explayarte más si quieres, o puedes hacer un poema, el caso es que describas, ¡coñe!
Bueno, ahí va mi palabra:

- Rascacielos.

Comentarios

  • Rascacielos
    En el centro de la ciudad hay un edificio altísimo, desde abajo, no se alcanza a ver el primer piso, parece que desde arriba se tocaría el cielo, con solo estirar la mano, al subir por el ascensor hasta el último, vemos hacía abajo y la gente se ven como hormigas diminutas.


    sala de cine.
  • NadaNada Pedro Abad s.XII
    editado enero 2011
    Era la primera vez que su padre la llevaba al cine, había una puerta de cristales enorme y todos los niños pegaban la nariz en ella para escudriñar el interior, se veía una rampa muy larga que ofrecía muchas posibilidades de juego y al final.......una pared de madera en la que abrían dos puertas, pero no había forma de ver lo que había detrás, a pesar de que se encontraban abiertas.
    Cuando por fin María se acomodó en su sitio pudo observar el suelo enmoquetado, que amortiguaba los ruidos, unas lámparas con forma de flor un tanto recargadas, y lo más importante: una pantalla gigante que ahora estaba apagada pero que no tardarían en encender.
    Por encima y por debajo de ella filas y filas de butacas que ya empezaban a llenarse de gente, María estaba decidida a no perderse nada.Entonces apagaron las luces.........

    Bosque.
  • DanteDante Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2011
    Sus árboles marcan fronteras,
    ojos clavados en mi nuca,
    troncos comidos por las hiedras
    y se abre ante mí la espesura.
    Entre las sombras de las ramas
    lentamente yo me sumerjo,
    los rayos del sol que penetran
    son como los tibios reflejos
    que por sus entrañas de barro
    se abren paso a trompicones.
    El suelo se encuentra alfombrado
    por hojas muertas y marrones.
    ¿Quién se perdiera en este bosque?
    ¿Y quién nunca más regresara?
    ¿Quién se sumergiera en la noche,
    y bajo su manto quedara?

    Siguiente: una pelea callejera.
  • Mr_cellophaneMr_cellophane Pedro Abad s.XII
    editado enero 2011
    Das un golpe y recibes dos
    Miraron a tu novia y la hiciste de tos
    Por fin lo noqueas y logras ver
    Que con un proxeneta te fuiste a meter
    Ahora tu te enfrentas a la musculatura
    De su guardaespaldas de gran altura.
    Siguiente: Una alucinación inducida bajo la droga de tu elección
  • zutiquezutique Pedro Abad s.XII
    editado enero 2011
    LSD en la selva de las islas del Tigre. El calor me asfixia. Cada paso que doy es como si atravesara la atmósfera de un sol más grande y potente que hace chillar mis huesos.

    Separo las ramas de unos árboles medio muertos y uno de mis pies se hunde en lodo impregnado de butano. Sigo mi camino sin pensar demasiado. Si pudiera hacer sinapsis de alguna manera natural seguro vomitaría. Está lleno de troncos muertos, ramas, hojas secas desde hace muchos años en el suelo. En donde pensé que no me encontraría a nadie veo a un chico de unos 12 años que está afilando una navaja de juguete contra la corteza de un árbol. “Hola”. Le digo.

    El chico está concentrado en su tarea. Le vuelvo a decir "Hola” con una inusual timidez. Entonces se da vuelta. Es blanco. Muy blanco. Su pelo es profundamente rubio, su cara es rosada, y tiene una apariencia muy fuerte. Sus ojos se mueven con mucha rapidez. No los fija ni por un segundo. Mira todo y nada.

    - Por allá está la salida. - dice y señala hacia donde supongo que estará el río. Luego se da vuelta y sigue su tarea al mismo ritmo con que lo hacía antes de que lo distrajera.

    Como no quiero salir de la selva, sigo por el lado contrario. Mientras más me adentro la vegetación es más espesa y puedo sentir como las hojas susurran entre sí. Quieren taparme los poros y asfixiarme. Los troncos están muy ansiosos por construir con su madera un ataúd que me haga de mortaja. Los insectos toman mis medidas con cada paso que doy. No me quieren con el resto de los cadáveres fétidos. “Es especial” escucho. Sí que lo soy, gracias. Constrúyanme la mejor casa para pasar a la inmortalidad.

    En la base de un árbol manchado con lodo, del que crecen otras plantas parasitarias-huésped que van matando al ser vivo primitivo, hay un chico muy parecido al anterior, pero su pelo es bastante más oscuro y tiene unos cuatro años menos. Su piel es más normal, no es casi albino como el anterior. En vez de mover los ojos cargados de un nerviosismo hipnótico como el que me encontré previamente, este tiene la mirada pérdida pero su iris es profundamente hermoso.

    Tienen un color azul aciano que nunca había visto.

    Antes de que me dijera algo, con sus mejillas gigantes sacude el aire y puedo oír el sonido que hacen al moverse. Entonces levanta su mano izquierda y repite una frase que no entiendo bien. Le digo que hable más alto. Continúa con el mismo tono. Tengo que acercarme y cuando estoy más cerca se vuelve más intenso un olor a muerte tenebroso. Mi boca sabe a azúcar y a metal. Entonces puedo oír al chico: "La sangre de tus hijos alimentará nuestra tierra". Con su índice elevado señala a un punto en el bosque. Miro desesperado y encuentro al cuerpo de mi hijo de pie pero en vez de una cabeza tiene una televisión encendida y la imagen de mi novia desnuda, acostada sobre una cama roja masturbándose se repite cíclicamente. Hombres con disfraces de conejo la rodean y se masturban y eyaculan unos contra otros. “No soy más imaginario que vos para él” dice el niño de los ojos azul aciano. Mis piernas se tambalean. Pierdo el equilibrio intentando acercarme a mi hijo televisor.

    Caigo y mis fosas nasales, mis poros y mis oídos se llenan de barro mezclado con los restos cloacales de todas estas islas miserables.

    Cierro los ojos y todo se va quedando en silencio mientras los árboles me abrazan ante el sol de las tres de la tarde que viene a besarme la nuca.

    Próxima situación: Una noche en un bar en un país extranjero.
  • DanteDante Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado enero 2011
    El café de Rick era un hervidero de actividad aquella noche.
    En las mesas, mujeres casadas del brazo de sus maridos, o de sus amantes, solteras en busca de diversión, o jóvenes en su primera cita con un hombre apuesto, miraban fijamente al escenario, donde los dedos de Sam se deslizaban con agilidad sobre las teclas de su piano.
    Tras un biombo, los hombres de negocios brindaban con opulentas copas de brandy mientras se sumían en la neblina producida por los gruesos cigarros que fumaban.
    Yo, mientras tanto, estaba en la barra, frente a un camarero de gran estatura, aspecto famélico y delgado bigote, a quien el frac le hacía parecer un pingüino sobredimensionado.
    —Ponme otra copa —indiqué yo con aire distraido.
    —Si señor —respondió el largo camarero, con un marcado acento marroquí.
    No podía evitarlo, siempre había sido un perdedor. Sin embargo, con los dos abultados papeles en el bolsillo interior de mi chaqueta, aquella noche lo que no podía evitar era sentirme un perdedor con suerte.
    El camarero me tendió la copa, y me apresuré a dar un largo trago. Era un licor desagradable, pero que cumplía con diligencia su función de entonarme.
    —Aquí tienes una propina —dije mientras, dejándome llevar por mi buena estrella aquella noche, le tendía un billete.
    —Gracias, señor.
    Sin embargo, al volver la vista hacia el otro extremo del local, vi a Rick salir de detrás de un biombo, y, de una forma tan contundente como sentía mi garganta arder a causa del licor barato, sentí cómo mi suerte se hacía añicos contra su rostro insondable.
    Durante su avance, juraría que su blanca chaqueta americana podría haber desprendido un brillo que hubiese dejado ciego a todo el local, de no ser por la densa nube de humo de puro que lo poblaba. Aun así, su fría mirada sí que brillaba de forma peligrosa, y estaba seguro (aunque quería creer que no) de que iba dirigida a mí.
    La suerte puede llegar a ser muy huidiza...

    ____________________________________________________________

    Anda que me pongo a escribir y se me olvidaba poner la siguiente situación: Visita a un museo.
  • DanielitoperillaDanielitoperilla Pedro Abad s.XII
    editado enero 2011
    El eco de los pasos resonaba en el parqué de madera, mientras caminaba lentamente por el pasillo de paredes blancas, asépticas, que permitían centrar la atención exclusivamente en los objetos colgados a uno y otro lado. Ya no quedaba nadie prácticamente nadie en el edificio, pues los visitantes habían ido abandonándolo lentamente y se encontró con el último grupo de turistas concertado a las puertas de salida cuando entraba. Podría estar a solas con el objeto de su obsesión durante unos minutos, antes del cierre del museo.
    Se posicionó delante del cuadro. Observó el ondulante cielo anaranjado que se cernía sobre las aguas que reflejaban la claridad del cielo. A lo lejos, la figura de dos embarcaciones se vislumbraba. Le sobrecogía la desesperación que se pintaban en todos los trazos del óleo, líneas fuertes, sobre todo en la zona central y derecha, pintada de azul, negros y grises, una sensación de vértigo sombrío que llegaba hasta el paseo de madera donde el personaje principal (que a él se le antojaba sacado de una película de ovnis barata), se llevaba las manos a la cara en un grito mudo de angustia.
    Le fascinaba el cuadro, no podía explicar el porqué. Hubiera querido venir antes, no había sido posible.
    Estaba intentando encontrar trabajo, lidiando con un idioma extraño y ajeno al sueño, mientras los ahorrillos que había podido llevarse con él iban desapareciendo poco a poco. Era una sangría de dinero constante, todo era infinitamente más caro que de donde venía, el alcohol y el tabaco eran artículos desterrados de su existencia. Intentaba estirar al máximo su estancia en esta tierra de oportunidades, y eso implicaba que no podía cometer excesos (aunque, maldita sea, en este condenado país tomarse una cerveza o ir al cine era algo lejos de sus posibilidades) Hacía un frío glacial, nevaba constantemente, y apenas existían horas de luz. No conocía a nadie, casi no salía de la casa, y desde la ventana del salón, se limitaba a contar los copos de nieve que, iluminados por la farola de la calle caían al suelo. Mientras, su familia esperaba las buenas nuevas de un empleo, acosándole con sus deseos y esperanzas...
    Se encontró de rodillas en el suelo, jadeando profusamente, mientras un sudor frío le corría por su frente y por su espina dorsal. Se llevó las manos a la cara.
    Por los pasillos del museo, viajaba un grito angustioso.


    Ahora, describid una imagen en un parque
  • editado febrero 2011
    Caminaba por aquel conocido lugar. Eran las doce la madrugada, pero no sentía miedo; se sabía cada una de las hojas de los árboles, cada centímetro de césped de esa pequeña manzana destinada a ser "pulmón de la ciudad". Un lugar en donde, de día, los niños jugaban, los padres vigilaban, los ancianos pasaban las horas, los jóvenes se tiraban a retozar... Pero no a esas horas. A esas horas le pertenecía pura y exclusivamente a él. Era asombroso cuánto podía cambiar, cuán drásticamente era un lugar cuando había sol, y otro, completamente diferente, cuando se escondía. Aquí podía ser realmente él mismo, aquí sentía que le pertenecía cien por ciento al lugar y el lugar a él.
    Corrió la vista por los conocidos árboles junto al sendero, y justo allí se detuvo en seco. No podía creer lo que sus ojos le mostraban; no, debían de estar engañándolo. Quizás era una ilusión óptica, producto de la densa neblina que a veces se formaba. Se desplomó en un banco cercano, sin quitarle los ojos de encima. Aquello era imposible.
    Permaneció de esa manera, los ojos fijos, durante un cuarto de hora, en el que el único sonido que se oía era el que hacen los faroles cuando no hay nada más, y algún ocasional auto que recorría la lejana avenida. Pestañeó; lenta, muy lentamente comenzó a incorporarse, con una expresión aterrada en su rostro. Lo sobresaltó un ruido, pero rápidamente se percató de que se trataba del que hicieron sus pesados pies al arrastrarse sobe la grava del sendero. Transcurrió otro cuarto de hora hasta que tomó coraje para dar los últimos pasos que lo separaban de aquello, de lo que no osaba apartar sus ojos.
    Cuando llegó no le alcanzaba con la vista: palpó el suelo con las manos para constatar su realidad, caminó varias veces atravesando el lugar que, quién sabe cuántas horas antes, había ocupado... Pero ahora no estaba. Ese parque carecía de sentido si no estaba. Todo ese parque, el propósito de sus visitas, el propósito de su vida, se extinguirían si no estaba. Porque ese árbol lo era todo para él. Ese árbol siempre había estado ahí, pero ahora no, quién sabe por qué extraño designio del destino. Miró a su alrededor, y los demás árboles parecieron mirarlo burlones. El viento pasó por entre sus hojas e hizo que pareciera que se apartaban el cabello de la cara, regocijándose ante la escena. Un cuervo graznó en algún lado; ¡no podía ser que nadie se mostrara compasivo con él! ¡Luego de la pérdida que acababa de experimentar!
    Habían cometido un crimen. Miró al oscuro cielo y juró que se vengaría.



    Uh, uh, me olvidaba de poner un nuevo tema... Comer un caramelo
  • SimeSime Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    unos confetis de frambuesa colorean el sabor de la fiesta
    cuando el chasquido filiforme emborracha
    las papilas
    las flores que lo adornan se disuelven de repente
    en torrente de infusiones impactando el muro palatino
    con las lilas
    cuando mi lengua lo aplasta contra el cielo
    el palé del paladar recibe un estertor de burbujas
    serpentinas
    los dientes rematan la tarea con un mazazo de cantera
    y despierto horrorizado buscando en la mesilla la pastilla
    de insulina.


    Siguiente: Noche con agua sin luna.
  • jhony6jhony6 Anónimo s.XI
    editado marzo 2011
    --¡Pues ya estamos aquí compañeros!,dije entre un rechinar de dientes y temblando de frío.Hasta los mismísimos huesos se quejarían si pudiesen hablar.Ni si quiera las acolchadas chaquetas que llevábamos puestas eran capaces de repeler la cortante y fría brisa que desprendía el Mar Mediterráneo en aquella noche de invierno.
    Estaba claro que esos momentos iban a ser especiales,pero no precisamente por la climatología,si no porque nos habíamos reunidos los 5 amigos de siempre,que,recordando los viejos tiempos, nos habíamos propuesto lanzar las viejas cañas de pescar con sus ya oxidados carretes por el paso de los años y la sal acumulada en sus mecanismos.
    Uno de nosotros,había vaticinado una gloriosa noche de pesca,a pesar de la ausencia de luna,cosa que,como bien es sabida, puede alterar en el estado de la marea y el consiguiente poco acercamiento a las orillas para alimentarse de sus inquilinos,aunque igualmente nos resultaba agradable por el simple hecho de compartir si quien sabe,nuestra última jornada juntos después de tantos años de espera, ya que nunca habíamos logrado coincidir en nuestras merecidas vacaciones de verano todos juntos,y habiendo llegado nuestra jubilación ,sabíamos que por lo menos un día de invierno seríamos capaces de realizar ese preciado sueño.
    Repentinamente se puso a llover.....el agua caía y no dejaba de golpear en nuestros gorros a modo repetitivo e incesante, momento en el que nos miramos todos y riéndonos a carcajadas recordamos aquel acertado comentario que nuestro amigo Raúl hizo 50 años atrás en un día como el que en ese momento acontecía:
    --¿Pescar algo?,no sé...pero un resfriado,...¡seguro!--

    Próximo tema......el amor y unas cervezas.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado marzo 2011
    Podía sentir en mi espalda, como clavaba su mirada, cuando salí a fumar desnuda un cigarrillo al balcón.
    Las luces de la calle de abajo, entraban a la habitación haciendo sombra sobre una pared pero también oscureciendo una parte de su cara.
    Cada tanto algún coche que pasaba cortaba la calma de una noche silenciosa y nublada.
    Aunque no giré para mirarlo, sabía perfectamente que continuaba recostado en cuero, apoyando la cabeza sobre sus brazos levantados.
    Los pasos de unos tacones se aproximaban haciéndose cada vez más fuerte para mis oídos. Dos personas caminaban de la mano sin hablarse por la vereda de enfrente. Los seguí con la mirada y me pareció que doblaban en la esquina cuando quedaron tapados de repente por las tupidas ramas de un árbol.
    La cama se movió y supuse que se había acostado. No quiero mirarlo, ya no soy la de hace unos minutos atrás.
    Ahora solo tengo miedo y quiero marcharme. Antes, hace solo algunas horas, lo seducía. Quería demostrame a mi misma cuanto puedo gustarle.
    Pero ahora quisiera no estar acá, pasar desapercibida como esta insulsa y silenciosa noche sin luna.
    Una risa nerviosa me obligó a expulsar el humo del cigarrillo tosiendo. De pronto empezó a llover y con la lluvia murió el silencio. Me di vuelta y ya se había dormido. Cuando recogí mi ropa del suelo, vi como las sabanas blancas marcaban las figuras de sus piernas, me mordí los labios y por un momento pensé en quedarme.
    Corrí bajo la lluvia unas cuantas calles antes de encontrar un taxi .Cuando comenzaron los truenos se habrá despertado por los ruidos, seguro pensará que estaré en el baño. Luego para su asombro descubrirá que me he ido. Durante el camino a casa lo imaginé asomarse al balcón para buscarme , cruzado de brazos cubriéndose del frío. Sé que no está bien lo que hice, me siento culpable y sin embargo, voy mirando por la ventanilla del coche y no se porque, pero sonrío.






    LLegué tarde, pero lo subo igual ahora que me desvelé.. igual retomo el tema deJhony6 para no saltearlo, jajaj soy nueva en esto del foro, el próxima va mas rápido.. jeje..


    Proximo tema el amor y unas cervezas!!!! Saludos!!!
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado abril 2011
    Entrando en el bar le vi.No me lo esperaba la verdad, y su visión me causó un impacto no grande, pero si considerable como para dejarme un poco mareada.Hacía tiempo que no le veía,desde aquella vez que con dos cervezas en la mesa,me dijo que era mejor dejarlo.En ese momento no supe que decirle,no sabía que podría haber pasado para que tomase esa decisión así sin más.Pedí otra cerveza,fue lo único que se me ocurrió hacer en ese momento,necesitaba asimilar la notícia y pensar.Al volver a la mesa,más calmada, le pregunté el porqué de la decisión,me merecía,al menos, una explicación.No supo darmela,e intentar que me la diera sería una utopía.Así que me levanté,salí del bar y no le volví a ver hasta hoy.Me senté tranquilamente,ya no me dolía el hecho de haberme dejado sin saber el porqué,pedí una cerveza y cogí el libro que tenía en el bolso.Al rato sentí como una silla era arrastrada.Levanté la vista y era él.Se sentó sin pedir permiso y sin darme tiempo a decir nada me dijo:
    " No te voy a pedir que me perdones,después de haberte dejado tirada sin más explicaciones que una mirada cobarde.Me estaba enamorando sin saber como era ese sentimiento,y ante lo desconocido no sé como reaccionar.Estos últimos cuatro meses han sido un infierno sin ti,sin tu sonrisa,sin tus palabras.Mis noches han sido mojadas,llenas de sueños imcompletos.No puedo seguir así,no quiero seguir así,sin ti,sin tu calor.Te estoy dando mi alma,mi corazón.Haz con él lo que quieras."
    " ¿ Quieres una cerveza ? "


    Siguiente tema; una isla desierta
  • Catherine CromwellCatherine Cromwell Anónimo s.XI
    editado mayo 2011
    Desperté boca abajo, con la boca llena de arena, los ojos y la garganta doloridos a causa del agua salada del mar. Me arrodillé casi sin fuerzas y miré a mi alrededor. El implacable sol, brillaba con fuerza contra la blanca playa y me dañaba su fulgor. Me puse en pie y el mar lamió mis pies con suavidad. Que manso y dócil parecía ahora, cuando unas horas antes, con ayuda de la noche y de la tormenta había estado apunto de matarme.

    No me paré a pensar en mis compañeros, ya que era muy probable que el mar se los hubiese tragado a todos. El verdoso y calmo mar ... Solo un marinero puede seguir sintiendo fascinación por la mar después de sufrir un naufragio ...

    Caminé hacia la frondosa selva, que se encontraba a tan solo unos pasos del agua. Busqué la sombra de sus frondosos árboles, donde podría descansar y reponerme.

    El sol se estaba escondiendo en el mar cuando me percaté de que tenía mucha sed. Necesitaba encontrar un manantial, porque sin agua potable, no tardaría en morir. Aún debilitado tras el naufragio, me puse en pie y comencé a internarme en la oscura selva. Hice mal en esperar tanto, debería haber comenzado la exploración de aquel lugar cuando el sol aún me alumbraba ... Sin su amparo era una presa fácil.

    Todo era tan verde, tan frondoso y tan alto, que las esperanzas de encontrar agua potable aumentaban a cada paso. Cuando ya apenas veía lo que me rodeaba, comencé a escuchar un sonido que hizo que mi corazón diera un vuelco. ¡Era agua! ¡Y agua que corría muy rápido! Dejé que fuera mi oído el que me guiara por la selva, ya que no podía fiarme de la vista.

    Salí a un claro, y lo primero que me sorprendió es lo mucho que brillaban las estrellas. Teniendo en cuenta lo sediento que estaba, la enorme cascada que caía desde un monte enorme debería haber captado toda mi atención inmediatamente ... Pero las estrellas le robaron protagonismo. Nunca me habían parecido más brillantes.

    Cuando terminé de contemplarlas, me lancé a beber agua, y no paré hasta que calmé mi sed, y el quemazón que sufría todo mi cuerpo.

    Desperté a la mañana siguiente, y los nubarrones que crecían sobre mi anunciaban tormenta. Debía buscar comida y refugio cuanto antes. Me encontraba mejor, por lo que pude explorar la selva con calma. Encontré plátanos, cerezas y huevos de pájaro. Y además recogí madera y piedras afiladas.

    Poco antes del atardecer, encontré una cueva, no demasiado profunda en la montaña de la cascada. Me libré de un buen chaparrón y además conseguí encender fuego con la madera seca y un palo. Francamente, me sentí muy orgulloso de ello.

    Al día siguiente volví a la playa y me quedé mirando al horizonte ... Estaba solo.
    __________________________________________
    Siguiente: La revolución francesa
  • marta012marta012 Pedro Abad s.XII
    editado julio 2014
    Mientras andaba hacia atrás en el terreno pedregoso, un llanto llamó mi atención, y sin bajar la guardia miré a ambos lados con la esperanza de encontrarlo.
    Respiré profundamente, el ambiente estaba abarrotado de ceniza y pólvora, costaba la vida llenar los pulmones.
    Los continuos bombardeos dejaban los oídos ensordecidos y no se podian distinguir ambos bandos.
    A lo lejos el Emperador daba órdenes a los más débiles.


    Un día en el circo!
  • mojigatatraviesamojigatatraviesa Anónimo s.XI
    editado agosto 2014
    Caracoles!
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2014
    El odio está dentro de nosotros, como el amor.

    Ambas fuerzas se enfrentan subiendo por nuestras entrañas, corriendo una carrera vertiginosa, apresuradas para ser escupidas por la boca.

    Algunas veces, el ansia por salir ni siquiera deja que se transformen en palabras.

    ¿Por qué gana el odio cuando ha corrido tan fuerte e incansablemente el amor?

    Es que el odio tiene hambre y su comida está fuera. El amor, en cambio, se alimenta de sí mismo y jamás atropellaría ni derribaría a codazos a su contrincante.

    Entonces, solo uno llega… primero.

    Lo reconozco al instante- es que estoy mucho más ejercitada- . Percibo de inmediato el sabor agrio con la punta de mi lengua. Solo que ahora, he aprendido a callar, a retener dentro por unos segundos a la amargura. Aunque hacerlo me dé arcadas.

    Luego esperó pacientemente la llegada del amor, va directo al paladar, lo endulza todo.

    Azucar.
  • yasayasa Anónimo s.XI
    editado abril 2015
    los cierzos de la tarde nublada auguraban una fuerte tormenta, el tiempo pasaba lentamente y los últimos rayos del sol atravesaron el horizonte dejando todo sumido en una absoluta oscuridad que solo era alumbrada por los grandes relámpagos que muy constantemente atravesaban el firmamento, la noche era melancólica y la soledad de la casa era tan abrumadora que por un momento él pensó que no había ser alguno en varios kilómetros a la redonda y que la única compañía en aquella noche eran las gotas de agua, una taza de café humeante, una vela con una luz mortecina y la oscuridad circundante...


    próximo tema: El bolígrafo mágico...
  • Ja1MeJa1Me Anónimo s.XI
    editado julio 2015
    Y trataba y trataba de pensar en otra cosa, mas no era posible. Había visto muchos bolígrafos, pero tan solo uno elevaba el arte de escribir a un nuevo escenario. Muchos habían sido los viajes emprendidos, pero con solo un bolígrafo había compartido tantos kilómetros. Ni zapatos, ni cazadora incluso ni gafas repitió en todos y cada uno de los viajes realizados, pero aquel bolígrafo escarlata con remates dorados si que había visto todo cuanto Aurelio vio, cuantos continentes pisó y cuantas fronteras cruzó, ¡es por eso que de ningún modo pensaba parar de correr! Hacía ya más de 5 minutos que andaba al acecho del ladrón de su mochila y no parecía acercarse, más bien al contrario...

    Siguiente tema: Sexo acelerado
  • H HesseH Hesse Anónimo s.XI
    editado julio 2015
    Aun no sabia que hacer, no estaba seguro. Mi cuerpo se mantenía sereno pero mi mente era un constante ir y venir de pensamientos mezcla de pasión medida y desenfreno. La cogí entre mis brazos y me juré a mi mismo que la noche iba a ser solo para ella, que su goce no iba a conocer límites y que solo un cataclismo podía destruir lo que iba cogiendo forma en mi cabeza, horas de sexo y desenfreno con ligeros retazos de amor y delicadeza.

    Próximo tema: Noches de verano solitarias
  • shizumakishizumaki Anónimo s.XI
    editado julio 2015
    Otra vez la misma historia. Hastío, cansancio, desesperación, desamor, melancolía y pensamientos. Esa es la historia. Lo normal en una noche de verano es salir de fiesta con tus amigos, ir a una discoteca o a la playa, y conocer chicas. Pero no, hoy no es una de esas noches, hoy es una noche de reflexión. Una noche en la que no sabes si ponerte un whisky o si escuchar a Sabina y perderte en tus pensamientos. Solo sé que los únicos partícipes de esta noche somos la "Razón"(o sin-razón) y yo.
    Siguiente: el Tiempo.
  • EllorianEllorian Anónimo s.XI
    editado septiembre 2015
    Cortaba el viento a toda velocidad montado en mi bicicleta. A los lados desfilaban las viñas y los algarrobos y pronto quedaban atrás, muy atrás, a toda velocidad. Miraba al cielo, allá en el horizonte, disfrutando de la fresca brisa de un atardecer de Agosto.
    El sol, enorme y rojo vibraba justo al final del camino y yo me embriagaba con el aroma de la montaña, con la brisa, con el paisaje, sin preocuparme porque los frenos de mi bicicleta no funcionases. Allá, mucho más abajo, una curva pronunciada, pero ya me preocuparía por ello después.
    Eran los años de la despreocupación, de la alegría, pero el tiempo pasa. Lo hace en pequeñas dosis, lentamente, pero incesante, y ahora, cuando me doy cuenta, he dejado de ser lo que creí que sería por siempre. Me siento joven, ¡pero soy tan viejo!

    Siguiente: Un faro
  • YitzjakYitzjak Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2016
    Rodeada de las más completa soledad y de un suelo árido, envuelta en los más frecuentes vientos, se erguía con su blanco cuerpo coronado por una cabeza roja como la sangre. Era una torre impasible, aunque las olas trepidantes golpeaban la costa rocosa sin cesar. Mientras el sol tostaba el cielo y secaba el aire, el interior de la torre se mantenía fresco, como en una caverna: el rumor del mar viajaba en la oscuridad vacía. Solo un resquicio de luz en la altura iluminaba débilmente las escalera oxidadas que conducían a la cima, pero nadie había develado el misterio de la cúspide; era un rincón escondido del mundo.




    Siguiente: un árbol.
  • H HesseH Hesse Anónimo s.XI
    editado diciembre 2016
    Sus entrañas han resistido el paso de los años enclavadas en el suelo húmedo. Está vivo y siente, pero el ser humano dejó de ver eso hace mucho tiempo. Ahora su destino lo mece la mano ignorante de la sociedad, cuyo único objetivo es la producción de cosas que no necesita, que desdeña y acaba tirando. Llora por nuestra incomprensión y por la necesidad de desprenderse de su dolor. La savia cubre su piel rugosa.


    Siguiente: un botón.
  • GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
    Nació para unir, para sujetar, para ajustar la piel postiza que me protege del exterior, se mantuvo la mayor parte de su tiempo pendiente del más delgado de los hilos. El balanceo le adormecía y soñaba con la imagen de una aguja enhebrada y dispuesta a devolverle la firmeza y seguridad perdidas por mi dejadez. Pero en su destino no estaba permanecer atado a mi ropa y el desgastado hilo le dejó ir augurándole un sinfín de aventuras por el mundo en el que encontraría grandes amigos. 
    En su viaje se alejó de mí descendiendo por las laderas de algodón de la chaqueta. No acababa de descansar en el llano cuando hubo de enfrentarse al zarpazo repentino de una fiera peluda. No salió herido, pero del impulso cayó por una sima oscura.
    Allí se encuentra junto a un viejo bolígrafo que derrama tinta y un pendiente inconsolable que llora la pérdida de su pareja. Ahora, en silencio, acosado junto a sus compañeros por la invasión de pelusas y las incursiones ocasionales de una garra en busca de olvidados trofeos, espera la hora en que se me ocurra limpiar bajo los cojines del sofá.

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